sábado, septiembre 09, 2006

Las Universidades Españolas deben intensificar sus programas de formación del profesorado y renovar con urgencia sus metodos de enseñanza

En la futura sociedad del conocimiento los ciudadanos y compañías van a ser cada vez más exigentes con la calidad de los servicios que perciben y para proporcionar estos servicios de alta calidad serán necesarios mejores profesionales con competencias profesionales plenamente desarrolladas durante su formación universitaria.

Para competir en la economía post-industrial y globalizada del futuro las empresas van a requerir que nuestras Universidades formen profesionales:

1 Con un perfil internacional (irrelevante educar en lenguas locales de barrera),

2 dotados de capacidad de aprendizaje autónomo y competencias profesionales (irrelevante educar embuchando conocimiento),

3 y familiarizados con el uso de las modernas tecnologías de la información y la comunicación (irrelevante el sistema: pizarra, apunte, examen).

España lleva al menos 15 años de retraso en ello con respecto a las sociedades más avanzadas que realizaron estos cambios en la década de los noventa: Canadá, Australia, Reino Unido, USA, Holanda, Finlandia, Suecia y Alemania. Pero lo más triste es que con nuestra reticencia a reformar nuestras universidades de acuerdo a los principios del Espacio Europeo de Educación Superior incluso nos estamos quedando atrás con respecto a otros países que hasta ahora estaban notablemente más retrasados en formación universitaria: sudeste asiático, algunos países de Europa del este e incluso de Sudamérica.

Países como Taiwán, Corea del Sur, Singapur, Costa Rica, Chile, Polonia, China y hasta la India tienen gobiernos con visión estratégica conocedores de que sus opciones para aumentar su prosperidad económica pasan por mejorar y modernizar sus sistemas educativos y en consecuencia hacen de la mejora de la educación de sus futuras generaciones su primera prioridad de política estratégica a largo plazo.

Es por tanto, imprescindible y urgente una reforma educativa que realmente fomente la innovación en nuestro sistema educativo Universitario. En España, desgraciadamente, nuestra clase política actúa como si fuera completamente ignorante del problema que suponen el atraso y la ineficacia de nuestro sistema educativo universitario.

Si queremos evitar que países con más hambre y ansia por mejorar (y políticos con más visión estratégica) nos adelanten y nos releguen al vagón de cola de la economía del conocimiento es imprescindible que emprendamos una reforma educativa de verdad en nuestras universidades, una reforma que de una vez nos acerque en nivel educativo a los países a cuyo nivel económico aspiramos. Una reforma que convierta a la Universidad española en el motor de la transformación de nuestra sociedad en una sociedad económica y culturalmente más desarrollada que nos coloque entre los países lideres en su adaptación a la sociedad del conocimiento.

Nuestra incorporación al Espacio Europeo de Educación Superior y la consiguiente transformación de nuestras titulaciones Universitarias en otras nuevas basadas en créditos ECTS y en el aprendizaje activo de los alumnos, proporcionan una oportunidad única para renovar nuestras Universidades, nuestros planes de formación y nuestras metodologías didácticas. Sin embargo, las experiencias piloto de transformación de titulaciones al nuevo sistema no han producido los resultados deseados de elevar la calidad de la enseñanza impartidad y el éxito académico de los alumnos.

Las numerosas experiencias piloto disfuncionales de implantación de ECTS en nuestro país tienen elementos en común que permiten comprender las causas de los resultados negativos:
1. El profesorado no había recibido la formación necesaria en las nuevas metodologías didácticas de aprendizaje activo

2. La mayoría del profesorado tampoco había realizado experiencias previas con las nuevas metodologías para ajustar la carga de trabajo de los estudiantes.
3. En casi todas las asignaturas se subestimaron las cargas de trabajo para los estudiantes y estos sufrieron una insoportable sobrecarga de tareas ("es imposible hacerlo, no tenemos suficiente tiempo") que les llevo al fracaso, al abandono de los estudios o a matricularse en otras facultades que todavía utilizaban la metodología convencional.

Estas experiencias fallidas han demostrado que una adaptación a ECTS sin un plan previo de formación del profesorado en las nuevas metodologías didácticas esta condenada a un estrepitoso fracaso durante los primeros años de implantación.

La cercanía del EEES con su exigencia de aprendizaje activo y centrado en el alumno pone de relieve la necesidad urgente de formar al profesorado Universitario en las nuevas metodologías didácticas del aprendizaje activo. Los centros de formación del profesorado e institutos de Ciencias de la Educación de muchas universidades han reforzado considerablemente sus programas de formación del profesorado de cara a afrontar el reto de nuestra incorporación al EEES. Sin embargo, con los programas actuales solo se formará a una parte muy minoritaria (5-10%) del profesorado antes de 2010.

A menos que estos programas de formación acelerada se intensifiquen todavía más, el año 2010 llegará antes de que la mayoría de los profesores que impartan los primeros cursos de las nuevas titulaciones ECTS hayan sido formados en las metodologías didácticas que deberán utilizar con sus alumnos. Nuestros máximos responsables académicos deberian pensar que todo lo que se invierta en formación de nuestro profesorado para evitar la materialización del tenebroso escenario del fiasco en la adaptación al ECTS será la inversión más rentable para el futuro que nuestras Universidades pueden hacer ahora.

Si por el contrario no somos capaces de formar a nuestro profesorado lo suficiente como para evitar este fatídico desenlace serán nuestros alumnos los que sufrirán las consecuencias de la falta de preparación de sus profesores. Aunque los verdaderos responsables serán aquellos dirigentes académicos que no supieron prever y afrontar un desafió de dimensiones históricas.

Todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo de los acontecimientos pero ello supondrá la realización de un titánico esfuerzo en la formación del profesorado.